Parece que son mentiras, así lo veo. Son mentiras las visitas del Viejo Ropavejero ese que te llevaba si te portabas mal, las veces que me dijeron que no me tragara el chicle porque se quedaría pegado en mi estómago y la historia del Hada de los Dientes (mmm, por cierto ¿quién me dejó todo ese dinero?). Sí, son mentiras que se le debe respeto a los grandes por la edad y que las estrellas llegan cuando el sol se va.
Aunque debo de aceptar que esas mentiras valen la pena. Crean la inocencia de la infancia. El poder sorprendernos conociendo cada nueva cosa.Por eso de vez en cuando. Hoy hago caso a mi corazón y me dejo mentir. Alguna de ella quizá valga la pena, alguna quizá se transforme de manera mágica en verdad. Y al final de cuenta veo que quizás eso que para los demás parecen mentiras en mi son verdades. No estoy alejado. Solo que mi realidad quizás tenga más dimensiones.
Me encanta esta realidad, un poco de esto... Un poco del otro... y quizás más de aquello. Han creado un buen mundo.
Sí, al parecer estoy en un mundo seco y lleno de inventos. En un lugar cansado de ilusiones y que quiere ser rescatado por los milagros ¿Y qué puedo hacer yo? Estoy sin armas, igual de cansado y con un nudo en la garganta.
Es por eso que me siento a tu lado, para esperar que dejemos de ser el juguete olvidado de Dios.
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